HISTORIA DE LA COFRADÍA DE LOS APÓSTOLES,

 

El sentido cristiano de la celebración de la Semana Santa tiene dos vertientes: Por un lado la rememoración de la Pasión de Cristo, y por el otro el de vivir, en relación con nosotros mismos y con los demás, el espíritu de caridad y amor fraterno que de ella se desprende.

 

Este sentido se mantuvo vivo durante el transcurso de muchos siglos. Como reflejo del mismo surgen las Cofradías y Hermandades de Semana Santa, a través de las cuales, desde la Edad Media, se llevaba a efecto este doble objetivo.

 

En Alcaudete, a través de una Cofradía, de una verdadera Hermandad, se conserva, vivo e intacto, ese primitivo carácter, espiritual y humano a la vez, en la Semana Santa. Me refiero a la Hermandad de los Apóstoles, verdadera reliquia de la Edad Media, trasplantada a la Contemporánea.

 

Pocos Alcaudetenses, seguramente por falta de información tienen conciencia cabal de lo que esta Hermandad representa; de la originalidad de sus estatutos, del sentimiento fraternal del que sus componentes, de la riqueza histórica, humana y religiosa, y de su esencia antiquísima. Escasos pueblos en nuestro país, pueden enorgullecerse de mantener en la actualidad una institución medieval, sin artificios ni ayudas externas, que, en la mayoría de los casos lo que hacen es bastardear su verdadero significado.

 

Pasamos a referirnos en primer lugar a la representación de los pasos de Alcaudete, en la que esta Cofradía desempeña un papel de protagonista.

 

Los Pasos en Alcaudete.

 

La primera finalidad de rememorar la Pasión la cumple esta Hermandad a través de la representación de los pasos de Alcaudete. Eran ellos, junto al que hacía de Jesús, los que actuaban de Buen y Mal Ladrón, la que representaba a la Verónica, el que trabajaba de Simón Cirineo, los que recitaban cantando los pregones o "pregoneros", y los actores del "Paso de Abraham", los encargados de representar escénicamente la Pasión de una manera prácticamente completa. Como comparsas actuaban gran cantidad de personas de sayones, soldados romanos, etc. Lástima que en la actualidad sólo se represente de toda ella fragmentos muy reducidos, sin el montaje y ambientación oportuna.

 

La representación, que creo proviene del siglo XV, tenía lugar en la Plaza. Como en el teatro medieval, que tiene su origen en estas sacras representaciones, el escenario lo constituía una serie de tablados, en cada uno de los cuales tenía efecto una escena distinta. No era preciso, de este modo, cambiar de decorado; pero los actores sí que debían de moverse de un tablado a otro.

 

 

Esto, que en principio parece pesado y monótono, daba a la representación una agilidad y movimiento que la hacían más amena e interesante, pues mientras los actores cambiaban de sitio los pregoneros iban relatando los acontecimiento, desarrollándose en el mismo itinerario algunas escenas. Los tablados se repartían alrededor de la Plaza, mientras el público, prácticamente el pueblo entero, se situaba en el centro de la misma. De todos los tablados levantados sólo sé que el de la Santa Cena estaba en la puerta de Doña Francisca Funes y el del Huerto de los Olivos en la puerta de la confitería de Mari Trini.

 

Además de estos por lo menos se levantaban otros cinco.

 

De este modo se estuvo representando hasta el año 1.916, a partir del cual cada vez se fue haciendo de una manera más incompleta, hasta los días en los que vivimos que se encuentra en grave peligro de desaparición.

 

Uno de los objetivos de estos trabajos es precisamente el de evitarlo, proporcionando una información, lo más amplia posible, sobre la gran importancia del mantenimiento de esta tradición, como una riqueza espiritual y humana de nuestro pueblo.

 

Los "apóstoles" durante sus actuaciones, así como cuando participan en los desfiles procesionales, van vestidos con sus túnicas, caretas y pelucas. Las caretas o mascarillas son hechas en el mismo Alcaudete por D. Enrique Navarro (el barbero), utilizando como materia prima el papel.

 

Asimismo cada uno de ellos lleva en las manos un objeto simbólico:

 

San Pedro las llaves, cruz latina y mitra

San Juan un cáliz

Santiago el Mayor un puñal

San Andrés la cruz griega en forma de aspa

San Felipe una cruz latina con rayos

San Bartolomé un clavo

Santo Tomás un hacha

Santiago el Menor un martillo

San Mateo un cuchillo

San Judas Tadeo un clavo

San Simón una sierra

San Matías una piedra y un clavo

Judas Iscariote una bolsa y una cuerda.

 

Pero no termina en esto los fines de la Hermandad. Es muy fuerte el espíritu de solidaridad, comprensión y ayuda mutua que anima a los cofrades entre sí.

 

Una verdadera Hermandad. El espíritu de verdadera hermandad lo tiene esta Cofradía en muy alto grado. Las obligaciones con relación a los otros miembros están determinadas con claridad y precisión, siendo todas ellas cumplidas con rigor y exactitud.

 

Constituyen una verdadera comunidad de bienes con las cuotas que pagan, que aunque son bajas, no por ello es menos loable el modo de administrarlas. Así, en caso de muerte de un hermano la familia es socorrida con una módica suma.

 

En grave necesidad, cualquiera de ellos tiene a su disposición todos los fondos de la Hermandad; con la obligación de reponerlos cuando su situación económica se lo permita.

 

Cuando uno de ellos cae enfermo sus familiares tienen la obligación de avisar al que hace de San Pedro, el cual establece un turno riguroso para acompañarle y velarle.

 

La primera noche efectúa la vela los que hacen de San Pedro y San Juan, y así sucesivamente por un orden de prioridad que empieza en San Pedro y termina en San Matías. De este modo rotan tantas veces como sea necesario hasta que el enfermo sana o muere.

 

Si falleciese, todos los hermanos tienen el deber de velar al difunto. El cadáver, siempre amortajado con su correspondiente túnica es llevado a hombros hasta el coche fúnebre, o hasta el cementerio, por todos ellos.

 

Pero esta caridad va más allá de lo meramente establecido. Existe entre todos los apóstoles una verdadera amistad, fraternidad y solidaridad que se manifiestan en las más diversas situaciones y acontecimientos de sus vidas, y que se ejercitan, no sólo durante la Semana Santa, sino en el transcurso del resto del año.

 

Reglamento

 

Todas estas actuaciones están presididas por un reglamento que se cumple fielmente. En él se contempla, entre otras cosas, la manera de adquirir o perder la condición de apóstol, así como la jerarquización y ascensión de sus miembros dentro de esta comunidad.

 

Para entrar en la hermandad es preciso que antes quede vacante un puesto de apóstol. Casi siempre la vacante se produce por la muerte de alguno de ellos. El candidato, que siempre ha de ser presentado por dos miembros de la Cofradía como mínimo, ha de gozar de una intachable conducta en su vida pública y privada. Si existieran varias solicitudes, tienen prioridad las presentadas por familiares del hermano difunto. Seguidamente se reúnen todos y proceden a votar secretamente y a puerta cerrada. Para ingresar en la Hermandad el aspirante debe de reunir la mitad más uno de los votos emitidos. El recién ingresado lo hace como Judas Iscariote.

 

Esta Hermandad es una sociedad jerarquizada en donde al puesto de jefe se llega por antigüedad. Este cargo lo ocupa siempre el que hace de San Pedro, muerto el cual es sustituido, en el personaje y cargo, por el que hace de San Juan, corriendo igualmente todos los demás apóstoles un puesto. El que hace de Judas Iscariote pasa a ser San Simón.

 

La autoridad del que hace de San Pedro es admitida por todos sin reservas de ninguna clase. La autoridad se ejerce, a veces, con ayuda de las multas. El importe de las mismas pasa a engrosar el fondo común. Son motivos de multa: el llegar tarde a las procesiones (la cuantía de esta multa varía según el lugar en el que se incorpore, pudiendo llegar hasta 300 pts.); 25 pts. por llegar tarde a las juntas mensuales que siempre se celebran en la casa del que hace de San Pedro; 50 pts. por salirse de las filas durante las procesiones sin permiso de San Pedro, no pudiendo entrar en ningún establecimiento público y si tienen alguna necesidad han de efectuarla en una casa particular; 50 pts. por llegar tarde a la Santa Cena; y el no asistir a la vela por un apóstol difunto 500 pts.

 

Constituye también falta el fumar en los desfiles procesionales y el quitarse algún elemento de su indumentaria en la calle, después de las mismas.

 

Los demás apóstoles pueden imponer a San Pedro igualmente multas, que, cuando son aplicadas a él, pueden ser de mayor cuantía, en función del ejemplo que al resto de ellos está obligado a dar.

 

Un apóstol pierde la condición de tal: cuando no asiste a una procesión sin causa justificada; cuando se la han impuesto tres multas, aunque sean en distintos años; cuando habiendo incurrido en escándalo y habiendo sido amonestado por el resto de sus compañeros, reincide en él.

 

El expulsado lo es, no sólo de la Hermandad, sino también del aprecio y consideración del resto de sus componentes, perdiendo la amistad de todos ellos, siéndole retirado el mismo saludo.

 

 La Santa Cena de la Semana Santa de Alcaudete

 

Al terminar la procesión del Jueves Santo , todos los componentes de esta cofradía se reúnen en casa de uno para rememorar la Ultima Cena. Antiguamente esta reunión era presidida por el que hacía de Jesús. Al no existir en la actualidad nadie que haga este papel, la reunión la preside el que hace de San Pedro. Cada año se celebra en una casa diferente, según la prioridad ya señalada con anterioridad.

 

En el transcurso de esta asamblea tiene lugar una cena, que se pretende se asemeje lo más posible a la última celebrada por Jesús. En su desarrollo se cantan saetas y pregones (los pasos) en un ambiente de piedad. San Pedro (en sustitución de Jesús) lava los pies a los demás, terminando por repartir una gran torta entre todos ellos, en recuerdo de la institución de la Eucaristía.

 

La cena es costeada, a partes iguales, entre todos, a excepción de Judas Iscariote que no paga, ya que se le considera fuera de la hermandad. Por ello tampoco paga las cuotas mensuales, ni asiste a estas reuniones. Es ignorado incluso en caso de muerte, pues ni lo velan ni asisten a su entierro corporativamente, aunque sí pueden hacerlo a título individual. Cuando muere alguno de los otros apóstoles, deja él su puesto de Judas y pasa a la hermandad con todas las prerrogativas.

 

A la cena están invitados todos los otros actores de los pasos.

 

Durante su desarrollo están vestidos con sus túnicas y mascarillas. Una vez terminada la misma, como fin de su actuación, es costumbre el tomar café (que paga San Pedro), San Juan paga la manzanilla, y Santiago el Mayor paga una copa de anís.

 

 

Al resto de las procesiones ya no asisten vestidos de apóstoles, sino de paisanos.

 

Fuente: Publicación en la revista de la Casa de la Cultura por D. Antonio Rivas Morales (Cronista Oficial de la Villa de Alcaudete)..

 

LOLI MOLINA

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